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La Leyenda de la Cerveza Imprimir
Día de ... - Enero - Enero 19 - Día del Cervecero

Hace mucho tiempo vivía en Flandes un joven llamado Gambrinus. Era aprendiz de vidriero, y estaba enamorado de la hija de su maestro, Margarita. Sin embargo ella lo rechazaba por ser un simple aprendiz, y por muchas cosas que Gambrinus intentó para enamorarla, ninguna dio resultado. Desconsolado por el rechazo de su amada, Gambrinus decidió quitarse la vida. Se dirigió a un bosque cercano al pueblo donde vivía, y cuando estaba atando una cuerda a un árbol para ahorcarse, apareció un anciano muy bajito que le preguntó qué estaba haciendo. Gambrinus le explicó lo que le había pasado.

- No te preocupes –le dijo el hombrecillo-. Yo tengo la solución a tus problemas.
- ¿Sí? ¿Y cuál es?
- Te diré la forma de olvidar a esa joven si prometes venir conmigo la próxima vez que venga a buscarte. A cambio vivirás feliz hasta ese día.
Gambrinus aceptó la propuesta, y el anciano, que no era más que un habitante del País de los Seres Pequeños, de las regiones subterráneas de la Tierra, con un movimiento mágico, hizo aparecer unas raras plantas de flores amarillas.
- Esto es lúpulo. Con esta planta te enseñaré a fabricar un brebaje que alivia todos los pesares.
Efectivamente el pequeño anciano le enseñó a Gambrinus a fabricar una bebida hecha a base de cebada y el lúpulo.
- Éste será el nuevo vino de Flandes, y lo llamarás cerveza.

Gambrinus probó un poco de aquella cerveza, y pronto se sintió mucho mejor y empezó a olvidar a Margarita.
Al día siguiente Gambrinus volvió al pueblo y compró unos terrenos en los que empezó a plantar aquellas extrañas plantas de lúpulo. Pronto empezó a fabricar cerveza, y la dio a probar a los vecinos del pueblo, que se sintieron felices y alegres al beberla.
Gracias a la cerveza la fama del pueblo fue en aumento, y pronto empezaron a abrirse más fábricas de cerveza, que terminó extendiéndose, primero por toda Flandes, y luego por el mundo entero. La fama de Gambrinus fue tal, que el rey de Flandes lo nombró Duque de Brabante y Conde de Flandes, mientras que el pueblo llano lo llamaba el Rey de la Cerveza.
Gambrinus vivió feliz hasta alcanzar los noventa años. Entonces se le volvió a aparecer el mismo hombrecillo que setenta años antes le había dado el secreto de la cerveza. Gambrinus, sin mediar siquiera palabra, abandonó su castillo y se fue con el anciano al País de los Seres Pequeños. Allí su tamaño menguó y pudo vivir eternamente, igual que en el corazón de todos los amantes de la cerveza.

 

 
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