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De la conciencia al valor - Lea (Casilda, Argentina) Imprimir
Poemas - Poemas Tus Poemas

Llovizna. Se lava tu ropa.
Se esconde el hedor.
La frente mojada. Las sucias gotas.
Más fuerte te sopla, se arruga el cartón.
Aumenta la lluvia. Pegan las balas.
Batalla altruista joven ilusión.
Sólo una voz dulce de la conciencia al valor:
paciencia mi amor.
Perdóname amigo la sombra que soy.
Extraño que al galope del pasar ni viste.
Sólo el cemento es tu meta hoy.
Perdóname, perdóname amigo lo ajeno que soy.
Te besan cosquillas de un auto feroz.
Te asustas, te asaltas rabiante en la excitación.
Te enojas tristeza, te secas la cara en la maldición.
Te esquirlan caricias de un infierno mejor.
Te acurrucas esclavo en la soledad.
Tu triciclo añorado en patria potestad.
Te abismas triste en la necesidad.
Para volver al mapeo de una ruta muerta.
En libre sorteo a la próxima huella.
Hoy cumples los años, ¡qué día glorioso!
Tu cara lavada, algún pastel en trozo.
Mas pena sombría sólo tú recuerdas.
Entre bocinas e insultos de incomprensión.
Tus quince primaveras de olvidos y horror.
Tiritas agotado, te sangran las manos,
las riendas te pesan jirones de ardor.
Tu corcel inmune responde inanimado,
sólo a tu hambre, cansancio y dolor.
Brincas con el carro, astillas tu entereza.
Te mira asombrado cual padre protector.
De nuevo en las tablas se presta aliviado,
relincha suspiros al paso y giró.
Te vences... lloras... gimes, ¿por qué Señor?
Sólo una voz dulce de la conciencia al valor:
paciencia mi amor.
Nadie lo sabe. Nadie lo piensa.
Nadie te ve de cerca.
Te temen. ¡Mentira!!!
¡Hipócritas sin amor!
A nadie le importas.
Que sufres, que sufras, que sufra!
Que adoleces en tu adolescencia.
Que no pateas, no escribes, no piensas.
Que te despierta la aurora de la miseria.
Y te cobijan boreales desesperanza y temor.
Frío muy frío no más que en tu alma.
Quiebra las garras, los pies, las entrañas.
Sólo bosquejos de chistes marchitos,
en figuras que pintan sonrisas pisadas,
colorean helada tu mirada de hoy. 
Emprendes dispuesto y algo ajenado,
arremetes la marcha por ser mejor.
Comprendes ahora en el pasado,
el jamás anhelo que a tu ser ha dado,
brillos destellos en perfumes tu amor.
Una luz única, una esperanza plena.
Una voz dulce susurra en tu pena.
Un alivio cálido sin comprensión.
Una voz tierna en azul azucenas.
Una fuerza noble que se te imprimió.
No paras. Tomas Su mano.
Luchas a paso lento en la humillación.
No bajas los brazos. Tú eres hermano.
Clamas los gritos de un mundo mejor.
Pero...
Llovizna. Se lava tu ropa.
Se esconde el hedor.
La frente mojada. Las sucias gotas.
Más fuerte te sopla, se arruga el cartón.
La noche que calla en desgarros tu alma...
Te vences...
Lloras...
¿Por qué Señor?
Sólo la voz dulce de la conciencia al valor:
paciencia... paciencia mi amor.

Leandro
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