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Carta de los jóvenes para un siglo XXI libre de drogas. Imprimir
Día de ... - Junio - Junio 26 - Día lucha contra tráfico de drogas

Preámbulo.
Recordando la Convención sobre los Derechos del Niño, del 20 de noviembre de 1989, y su artículo 33, que obliga a los Estados a proteger a los niños contra el uso ilícito de estupefacientes y sustancias sicotrópicas y a impedir que se utilice a niños en su producción y el tráfico,
Recordando que en la mencionada Convención figuran disposiciones acerca de la libertad del niño de expresar su opinión y dar su parecer sobre todos los asuntos que le conciernan y acerca de su derecho a tener libre acceso a la educación y a la información,
Recordando igualmente los convenios en vigor de las Naciones Unidas relativos a la lucha contra los estupefacientes y que en ellos hay disposiciones que tienen por objeto proteger a los niños frente al consumo y el tráfico ilícito de drogas,
Recordando en particular que el preámbulo de la Convención de 1988 afirma que la preocupación de proteger a los niños es una de sus exigencias básicas y subraya “la utilización de niños en muchas partes del mundo como mercado de consumo y como instrumentos para la producción, la distribución y el comercio ilícitos de estupefacientes y sustancias sicotrópicas, lo que entraña un peligro de gravedad incalculable...”
Nosotros, niños y jóvenes del mundo entero, afirmamos nuestra adhesión a los siguientes principios:

Principio I – Para un mundo de paz
Considerando que vivimos en un mundo en el que el tráfico y el consumo de drogas amenazan el desarrollo y el progreso de nuestras sociedades y que acarrean cada vez más violencias, criminalidad, explotación y otras violaciones de nuestros derechos, pedimos encarecidamente a nuestros países que actúen contra estas amenazas y que, para ello, garanticen la paz, la libertad, la democracia, la solidaridad, la justicia, la protección del medio natural y el acceso al empleo.
Principio II – Un marco de vida que dé seguridad y propicie el desarrollo de la persona
Por padecer la presencia de drogas incluso en nuestro entorno inmediato, exigimos de las autoridades competentes un marco de vida que dé seguridad y que proteja, que no facilite ni la circulación de drogas ni su consumo; lugares donde encontrarnos, alcanzar nuestro pleno desarrollo y tener acceso a actividades constructivas, entre otras culturales y deportivas.
Principio III – La realización y el desarrollo personales
Constatando que las primeras experiencias con drogas están motivadas muchas veces por la curiosidad, el no tener nada que hacer, la falta de confianza en uno mismo, la indiferencia y la violencia de quienes nos rodean, y asimismo por las dificultades y los padecimientos de la vida cotidiana, afirmamos la necesidad de que se satisfagan nuestras necesidades; se nos trate con dignidad y respeto; se nos aliente a preservar nuestros valores, nuestros sueños, nuestros proyectos de vida; a que se nos valorice en tanto que personas, por nuestras competencias y teniendo en cuenta nuestras acciones positivas.
Principio IV – La información y la educación preventivas
Afirmando que las drogas son la negación misma de la vida, que son perjudiciales para nuestra plenitud personal, destruyen la salud y pueden acarrear la muerte, reclamamos el acceso desde la infancia a una información apropiada y a una educación preventiva adaptadas a nuestras necesidades, así en la escuela como en nuestra vida cuotidiana.
Principio V – La precaución y la ayuda mutua entre los jóvenes
Considerando que las drogas alteran las facultades de discernimiento y la conciencia de los propios actos y que su consumo es perjudicial para la libertad del individuo y sus relaciones con los demás, afirmamos el derecho a controlar nuestra propia existencia y el deber de ayudar a quienes nos son próximos a hacer otro tanto o a volver a poder hacerlo, así como el deber de proteger este derecho para los más jóvenes.
Principio VI – La ayuda y la asistencia a las personas tóxico dependientes
Conscientes de los riesgos de enfermedades graves, como el SIDA y las hepatitis vinculadas a algunos consumos de drogas, y de la falta de interés escolar, profesional y social que la drogodependencia ocasiona, recordamos que toda persona toxico dependiente tiene los mismos derechos que las demás y que no se la puede discriminar por su estado; además, tiene derecho a recibir ayuda, asistencia y afecto y a disfrutar de un acceso sin condiciones a los cuidados que precise.
Principio VII – La responsabilidad y la coherencia de los padres, los profesores y los tutores
Insistiendo en la función que incumbe a los adultos en materia de educación y de prevención y en las necesidades de equilibrio y de afecto de los más jóvenes, afirmamos que corresponde a los padres, los profesores y los tutores darnos ejemplo de una actitud sana respecto de las drogas, lícitas e ilícitas; nuestra necesidad de dialogar libremente con ellos sobre la cuestión y de poder contar con sus consejos y su afecto; nuestro derecho a no ser ni víctimas de su uso indebido de drogas ni a ser alentados a compartir su consumo.
Principio VIII – La libertad a negarse a las drogas
Considerando que muchos jóvenes se acercan a las drogas porque en su grupo hay quienes las consumen o se las proponen, proclamamos nuestro derecho a negarnos a consumir drogas y a que los demás respeten nuestra opinión; a la valorización de una opción favorable a nuestra salud para que podamos oponernos libremente a una oferta de drogas en nuestro entorno.
Principio IX – El acceso a la información y la intervención de los medios de comunicación
Considerando el lugar excepcional que los medios de comunicación ocupan en nuestra vida, recordamos que esperamos de ellos una información fiable y objetiva y una participación significativa en la prevención; y más vigilancia, para no vernos expuestos ni a publicidades ni a mensajes favorables a las drogas, tanto lícitas como ilícitas.
Principio X – La acción internacional contra el tráfico y la producción de drogas
Condenando a quienes comercian con nuestras vidas y destruyen nuestra salud, exigimos de las naciones del mundo que cooperen en la lucha contra el tráfico de drogas, que adopten legislaciones que lo repriman severamente y que velen por su aplicación; pedimos a los Estados y a las organizaciones internacionales que faciliten una ayuda económica a los países y a las poblaciones pobres que les permita encontrar fuentes de ingresos que no sean los procedentes de la producción y la venta de drogas.
Principio XI – La participación de los jóvenes en la adopción de decisiones
Considerando que las drogas no sólo ponen en peligro a nuestra generación sino también a las generaciones futuras; deseando que no haya ningún niño cuya vida esté dominada por las drogas, reivindicamos el derecho a participar junto a organizaciones y asociaciones que intervienen en la lucha contra las drogas en todos los planos de la sociedad; a adoptar por nosotros mismos decisiones que beneficien a nuestros hijos.
Principio XII – Para un siglo XXI libre de drogas
Nosotros no hemos hecho el siglo XX, hemos nacido en él; tenemos derecho a querer un siglo XXI libre de las drogas, una sociedad libre de drogas y, además de pensar en ello, a actuar para que así sea.

Nosotros, niños y jóvenes del mundo entero, nos comprometemos solemnemente a:

1. combatir el consumo y el uso indebido de drogas;
2. no consumir drogas y dar ejemplo;
3. disuadir a quienes nos rodean de consumirlas;
4. recibir y difundir informaciones sobre los perjuicios que las drogas causan;
5. prevenir y proteger a nuestros iguales y a los más jóvenes de entre nosotros;
6. unirnos, ayudarnos mutuamente para que otros no cedan;
7. escuchar a los demás y esforzarnos por resolver los problemas de los jóvenes;
8. aumentar nuestra valentía, nuestra responsabilidad y nuestra personalidad;
9. no rechazar, sino ayudar a quienes consumen drogas y a los toxicómanos;
10. defender nuestros derechos ante las autoridades competentes;
11. hacer que el mundo y el futuro sean mejores y ser actores en ellos;
12. concluir un pacto mundial entre jóvenes para un siglo XXI libre de drogas, una sociedad libre de drogas, unos jóvenes que no consuman drogas, unas escuelas libres de drogas, unas calles...

Por todo lo anterior, nosotros, niños y jóvenes del mundo entero, deseamos que los Jefes de Estado y de Gobierno y los legisladores tengan presentes los principios de esta Carta en las políticas que conciban y pongan en práctica.

Fuente – UNESCO.

 

 
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