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La amargura solo termina amargando. Imprimir
Reflexiones sobre el amor - Leo Buscaglia

Nadie busca la fruta agria. Lo mismo sucede con la gente amarga.
Hace poco tiempo recibí la carta de una mujer que se quejaba por la soledad. Me explicaba que el marido la había abandonado. Los familiares la visitaban en raras ocasiones y cuando lo hacían demostraban disgusto. La carta era un catálogo de quejas que abarcaban temas desde su avanzada edad, la mala salud, el mundo egoísta, hasta los amigos que ya no la amaban. También estaba enojada con aquellos que parecían querer ayudarla. Justificaba su amargura en todos los casos y no se daba cuenta de que ese permanente pesimismo estaba aumentando su aislamiento.
Le escribí y le expliqué que sus actitudes negativas podían estar contribuyendo a incrementar el problema (después de todo, ¿quién puede querer formar parte de tanta amargura?). Ella me respondió que yo era peor que los demás porque, aunque aparentaba ser un enamorado, en realidad no era nada más que un hipócrita.
La experiencia nos enseña que en la vida obtenemos lo que damos. Si miramos al mundo con amargura, sea por lo que fuere, no podemos esperar demasiado a cambio. Sin embargo, si enfrentamos la adversidad con sentido del humor y agradecemos todo lo que tenemos, sin duda encontraremos personas que nos responderán del mismo modo.

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Siempre estaba dispuesto a buscar camorra y
por eso se enredaba en una discusión.
Fred Allen.

 
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