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Pasajero de la muerte. Imprimir
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En un ayer bastante lejano llegaste a esta tierra. Creciste, te hiciste de amigos, te enamoraste y también descubriste que los fierros y la velocidad te apasionaban.
La vida te cruzó en mi camino una noche de sorpresas y una hermosa amistad comenzaba a gestarse. Fue muy lindo conocerte, hablar con vos, escuchar tus palabras que me hablaban de tu amada.Todo era muy muy lindo pero ahora mucha tristeza me da porque tu ya no estás.
Hoy el teléfono me dejó un mensaje que jamás quise escuchar. Su mensaje fue “la muerte”, una voz enmudecida de espanto me hablaba de tu salud de la cual ya nada quedaba. Me dijo que fuiste un loco delirante en frente de una moto, me comentó que era tu pasión, que los fierros te enloquecían y ahora veo que son los mismos que se han quedado con tu vida. Porque no lograste controlar a tiempo tus impulsos frente a un velocímetro y sin quererlo, ni pensarlo, te convertiste en un pasajero de la muerte.
Ahora solo quedan recuerdos para los tuyos, lágrimas, una familia abatida de dolor y un grupo de amigos en busca de consuelo.
Ya no vas a poder sentir cada noviembre el perfume del jazmín, ni ver después de cada lluvia el arco iris, porque lo único que hay de ti es ausencia y una distancia enorme que vos mismo creaste entre el cielo y la tierra.
Quisiste con tu moto desafiar al destino, quisiste ganarle al tiempo pero éste te puso una trampa la cual te hizo perder todo. Tu vida, tu carrera y tu moto. Quisiste ser un campeón o no sé que pero te quedaste en el camino de la juventud dormido para siempre, no hubo frenos que te detengan a tiempo, de ese modo Dios puso sus manos  para recogerte y llevarte a su lado.
Espero que allá arriba hayas aprendido la lección que no hay que retar con el destino porque puede ser demasiado caro su precio.
Solo te pido que desde donde te encuentres cada mañana les des fuerzas a tus viejos, para soportar tu ausencia, para que cada mañana al levantarse puedan enjugar un poco de lágrimas.
A tu hermana, dale el valor que necesita para aguantar su soledad, a tus amigos, bésalos uno por uno e intenta que de a poco se vayan acostumbrando a tu partida, que vayan asumiendo la lección que nos da la vida con respecto a la muerte.
Y a mi, solo déjame que te recuerde con esa amplia sonrisa y ese corazón generoso sin recordar que se esfumaron cuando te convertiste en un pasajero de la muerte.

Autora: Ivana Sabrina Cáceres.
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