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Diálogo con el alma.‏ Imprimir
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Hoy estuve investigándote todo el día querida alma mía, te analicé sigilosamente porque hacia ya un tiempo que te sabía triste, creí que sola podías sublevarte a tus penas, pero veo que no es así. Estás acongojada de tristeza pero te muestras inquebrantable ante una lágrima rodando en tus mejillas, estás sola transitando la senda del abismo, niegas ayudas, pero yo sé que la necesitas porque la soledad no es una buena compañía.
Te observé detenidamente alma mía y supe de tu fracaso por una desventura, dejaste evidencias en mi corazón y son los latidos dolorosos que me provocan las letras del amor.
Te disfrazaste de gala para ingresar al terreno de los sueños, del cariño, sin pensar que en algún momento llegarías a correr riesgos, construiste surcos para custodiar tus fantasías, buscaste en el seno de los hombres y elegiste uno para iniciar un romance, sucumbiste a tus delirios de adolescente traviesa y te embarcaste en la travesía del error.
Creíste que amar era una hazaña, que era cuestión de días y de prueba. Ahora comprendes claramente que no se trata de una prueba sino de una conquista, y mucho menos de días sino de tiempo. Esto es lo que hoy te hace sentir tan vulnerable, te trasmuta los recuerdos en dolor y convierte ardientes sonrisas en lágrimas escarchadas.
Pero no es así.... un error no te puede bajar los brazos, no te puede limitar los sentimientos y controlar los anhelos. Tu tristeza tiene un nombre y un apellido, que se apodera de tus pasos y empaña tus días, que desayuna tu soledad y descansa en tu silencio.
Te pido alma mía que te levantes, no te quedes arraigada en las penumbras del dolor necesito saberte fuerte y experimentada para que me encauses en el camino de la felicidad, no dejes que la vanagloria arrebate mis triunfos, enséñame a pisar con fuerza y a sentirme segura en cada amanecer.
De vos depende este pedazo de materia que compone mi cuerpo, vos le pusiste la brisa fresca de los sentimientos, esos que dejaron matices más allá de mi carne.
Levántate y resurge en tu desvelo que yo sigo acá fuera en el mundo de las cosas rápidas esperándote para gritarte en un suspiro querida alma mía que en esta vida es inevitable sufrir porque forma parte de la madurez, el crecimiento y la experiencia. Pero más inevitable es ser feliz porque se anhela más allá del deseo y se logra más allá de la derrota. Y una vez alcanzada tu mayor felicidad descubrirás el secreto que ella esconde.... ¡solo transitando y superando cada obstáculo de tu tristeza encontrarás la luz y el camino exacto de tu alegría!

Autora: Ivana Sabrina Cáceres
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